Descubre cómo la escritura puede definir tu vida


INTENTEMOS por un momento imaginar un mundo sin palabras.

Imposible, claro.

Esta realidad debería bastar para reconocer la importancia inmensa -en realidad ontológica- que las palabras poseen como parte consustancial de lo que somos y reflexionar también sobre la poca atención que se les suele dar en todos los contextos, en nuestra propia cotidianidad, por ejemplo, en especial cuando el entorno parece complicarse, cuando perdemos un poco la brújula, cuando los caminos parecen cerrarse, en fin, cuando perdemos la armonía entre lo que la realidad externa nos dice y la voz que siempre nos acompaña desde nuestro interior, en ese monólogo perpetuo que nunca dejamos de tener con nosotros mismos.

Para bien -y también para mal- somos lo que escribimos y escribimos lo que somos. De palabras estamos hechos, son ellas las que nos definen y es a partir de ellas que definimos el mundo, nuestro estar aquí, la vida, el universo. Apalabrar la vida es algo que hacemos sin cesar -hasta en sueños- desde el primer instante que tenemos noción de estar vivos y hasta el último de nuestra conciencia como parte del mundo.

Es precisamente por esto que, mientras mejor sea nuestra relación con el mundo de las palabras, mejor podremos, no solo relacionarnos con ellas, sino también convertir esa relación en una herramienta de valor inmenso en nuestro caminar de todos los días.

Ese aprecio reverencial por la palabra me ha servido, no solo para trazar una suerte de bitácora de viaje a lo largo de prácticamente toda mi vida, sino también como espejo y caja de resonancia para trabajar con la infinidad de desafíos en todos los contextos que me ha tocado enfrentar. Siempre, invariablemente, la escritura me ha salvado, me ha ayudado a salir adelante, a continuar navegando sin importar la severidad de la tormenta.

Escribir lo que vivimos -lo que disfrutamos, lo que sufrimos, lo que recordamos, lo que nos desafía, lo que nos hace volar, lo que nos ancla, lo que nos preocupa, lo que nos ilusiona- tiene un valor terapéutico inconmensurable precisamente porque, al escribir y transportar a la página en blanco eso que llevamos dentro, hacemos espacio en nuestro interior y la distancia entre nuestra mirada y lo escrito nos permite ver con otra luz y desde otra perspectiva lo que antes solo era una abstracción en nuestra cabeza.

Escribir lo que somos nos brinda una oportunidad extraordinaria para reconocernos, para revisitarnos, para reflexionarnos, para escucharnos, para mirarnos, para pensarnos, todo ello desde el inigualable marco referencial que solo lo escrito por nosotros mismos nos puede dar, porque solo nosotros tenemos acceso a ese cosmos interno que habita en cada cual.

Anclado a estas reflexiones nace el taller de “Escritura Terapéutica para Escribir la Nueva Historia” que ofreceremos la amiga, bloguera y trabajadora social Lourdes Ortiz -directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud- y yo el 3 de diciembre próximo en el auditorio de la sede de los Centros Sor Isolina Ferré, en Caimito.

Este Taller está diseñado para los interesados en descubrir las habilidades que todos tienen en su interior para apropiarse de la escritura, no tanto para convertirse en escritores profesionales, como para ser quienes escriban -de ahora en adelante- con su propia letra la historia de la vida de cada cual.

Para inscripciones y más información llama a los teléfonos (787) 903-2002, (787) 375-7854, (787) 447-5281 o visita la siguiente dirección: http://bit.ly/2ewJ9RW.

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